James Harden volvió a instalarse en la conversación histórica de la NBA al ingresar oficialmente al Top 10 de máximos anotadores de todos los tiempos, superando a Carmelo Anthony. Es un hito que, por sí solo, habla de consistencia, longevidad y talento puro. Los jugadores no llegan a casi 30 mil puntos por casualidad; se logra con años de productividad consistente, adaptaciones y un nivel ofensivo que resiste al paso del tiempo.
Harden ha demostrado precisamente eso. Desde sus días como candidato al MVP en Houston hasta su rol actual en Los Angeles, su carrera ha sido una muestra de permanencia en la élite. Y aunque sus funciones han cambiado con el tiempo, su capacidad anotadora sigue intacta. Entrar en este club exclusivo lo coloca junto a nombres que han marcado generaciones; desde Kobe Bryant hasta Michael Jordan y LeBron James.
Estadísticas extraordinarias que no consiguen anillos
Aunque, este logro inevitablemente abre la discusión que ha acompañado la carrera de Harden durante más de una década; qué tanto pesa un récord individual cuando la pieza clave del rompecabezas, un campeonato, sigue ausente. Su ingreso al Top 10 es indiscutible en términos estadísticos, pero no necesariamente en el terreno de la grandeza colectiva. Muchos de los jugadores con los que ahora comparte espacio no solo acumularon puntos, sino anillos; momentos icónicos en finales y una influencia determinante en el éxito de sus equipos.
Aquí es donde la narrativa se complica y se divide. Desde un punto de vista técnico, Harden es uno de los talentos ofensivos más brillantes que ha visto la liga. Su manejo del balón, su capacidad para generar faltas, su visión de juego y su instinto anotador lo convierten en una figura transformadora. Pero la historia del baloncesto rara vez se escribe únicamente con estadísticas. Se escribe con campeonatos, con legado emocional y con triunfos que marcan generaciones. Y ese componente, hasta ahora, sigue siendo la parte más cuestionada de su currículum.
¿Cómo será recordado James Harden?
Este récord funciona como una vitrina de doble filo. Por un lado, es prueba irrefutable de una carrera extraordinaria. Por otro, revive el debate sobre por qué un jugador de semejante calibre no ha logrado aún traducir su genialidad en un título. Es un logro grande, pero no necesariamente completo.
James Harden ya tiene un lugar garantizado en los libros de la NBA. Lo que aún está por verse es en qué capítulo será recordado: si como una de las grandes estrellas ofensivas de su época o como uno de los talentos más fascinantes que nunca pudo coronar su historia con un campeonato. Su ascenso al Top 10 hace evidente una verdad: la historia lo reconocerá, pero el legado definitivo todavía está en disputa.











